Una Exposición Paradójica: Artes de los pueblos indígenas recorren los mundos andino-amazónicos

Por: Edgar Bolívar Rojas. Antropólogo.

Museo Universitario de la Universidad de Antioquia

Medellín – Colombia

Existen muy diversos modos de generar interés por una exposición de artes visuales en el mundo contemporáneo, a partir de una batería de estrategias de marketing y publicidad, suficientemente conocidas en el ámbito de las galerías y los museos, inmersas a su vez en un conjunto de dispositivos que involucran revistas especializadas, notas y columnas en periódicos y espacios televisivos, y el picante comentario de algún crítico renombrado que enciende polémicas sobre tal o cual autor, obras o tendencias. Sin embargo, este no es el caso de la exhibición parcial del conjunto de obras que alberga la Casa de la Cultura de América Latina, una sección del Vicerrectorado de Extensión de la Universidad Nacional de Brasilia, aunque merecería tal despliegue por el impacto que provoca la diversidad de temas, técnicas y lenguajes expresivos de medio centenar de artistas y más de cien creaciones que han sido congregadas en Brasilia desde comienzos de diciembre de 2013. Se trata de la segunda fase de itinerancia de un colosal proyecto incubado en rigurosos procesos de investigación, acompañamiento y cooperación con pueblos y organizaciones indígenas brasileras y amazónicas, inaugurado en agosto de 2013 en Belo Horizonte, gracias al impulso y coordinación del Centro Cultural de la Universidad Federal de Minas Gerais -UFMG. Este circuito cruzará fronteras al visitar Colombia y Perú en la segunda mitad de 2014.

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El contexto

Hasta aquí aparecen suficientes ingredientes para pensar en la magnitud del esfuerzo personal e institucional requerido para convertir en realidad una iniciativa que fue tomando forma y sentido a la par del reciente auge del movimiento por los derechos de los pueblos, y que representa algo más que una corriente estética de individualidades reconocidas en sus respectivas regiones y países de origen. Desde varias fuentes pueden identificarse significativos flujos intelectuales, políticos, culturales y sociales que cristalizan en “Mira!, Artes Visuais Contemporaneas dos Povos Indìgenas”. La expansión del “agronegócio” y grandes proyectos de infraestructura, han minado en recientes años la legislacion ambiental y los derechos indígenas en Brasil generando numerosas polemicas e indignacion.

En forma simultánea, en el fragor de estos intensos acontecimientos, el avance en las investigaciones y publicaciones sobre las lenguas, las literaturas, la condición de los últimos pueblos aislados, o sobre las medicinas tradicionales y los saberes de la selva, prosiguen como una opción legítima que la academia esgrime a favor del respeto hacia las lógicas, los conocimientos y las resistencias de las comunidades, en la continuidad de una saga en la que converge tanto la memoria del ambientalista Chico Mendes como el respaldo y simpatía colectivas que se suman a esa envolvente espiral que un día de junio de 2012 se desplegó en la Cupula de los Pueblos, en Río de Janeiro, paralela a la Cumbre Rio+20.

La idea

Mira!, artes visuais contemporáneas dos povos indígenas esun proyecto de extensión universitaria inspirado en el fomento y difusión de una producción cultural de vasta cobertura, de alcance transnacional y de fecundas consecuencias en cada acto cotidiano de puesta en relación con las instituciones de apoyo y con los públicos que celebran y gozan, en reflexivo deleite, la explosión caleidoscópica de temas, técnicas, colores y formas que, de un modo secreto pero descifrable, narran, recrean y proponen diferentes versiones de la alteridad radical desplegada en la floresta amazónica, los desdoblamientos chamánicos, los conflictos interétnicos, las guerras del caucho, la coca, las maderas y el oro, o las alucinantes imágenes del ritual de las plantas sagradas y de las tramas míticas que se renuevan noche tras noche envueltas en humo de tabaco y polvo de mambear. Mira! es, ante todo, una interpelación y una invitación a contemplar y descubrir más allá de una fugaz observación. Expresada con énfasis, significa instalarse en la mirada profunda y trascendente de la ayahuasca, en un ver con otros ojos desde las claves del saber sagrado. Con razón se dice que una de las experiencias emocionales testimoniadas por el público al final del recorrido es la sensación de hallarse en paz y armonía, bañados en una especie de humanización teñida de hermandad, solidaridad y conocimiento.

Mira! no podría concebirse de un modo distinto de aquel que mejor sabe hacer la universidad, activándose como puente de conocimiento entre generaciones y diversidades, gestora de lazos de interculturalidad y promotora del respeto y la inclusión. Cada momento del circuito ha sido -y debe seguir siendo en cada ciudad y país anfitrión- un espacio para el encuentro y la comunicación, la palabra y la acción, el flujo de aprendizajes y la participación social incluyente. Las jornadas complementarias de mesas de trabajo y seminarios temáticos, los talleres didácticos y recorridos especiales con diferentes grupos poblacionales, han servido como laboratorio de creación y experimentación de una puesta en escena que enriquece las técnicas de la museología social y reinventa el sentido de exponer para formar, educar y generar emocionantes momentos de contacto humano con la pluralidad de la naturaleza y de los universos simbólicos transmutados en lenguajes visuales pocas veces vislumbrados.

Por las razones dichas Mira! propone y demanda una relación sui generis entre el continente –el lugar expositivo- y el contenido -la producción cultural de los artistas de los pueblos indígenas. No es una exposición dirigida al mercado, aunque no está exenta de que los autores puedan o deseen vender y disponer de sus obras al final del ciclo o que comprometan otras creaciones según el interés de los coleccionistas institucionales o privados. Tampoco es una muestra artesanal ni de objetos exóticos, no obstante que todas las obras poseen la calidad y el virtuosismo de cualquier obra maestra, o que determinados objetos ostenten singulares atributos rituales y mágicos que solo puedan ser manipulados por especialistas. Mucho menos se trata de una feria de artistas aficionados, pues el denominador común de todos los convocados es el de una trayectoria en el campo del arte y el de un reconocimiento de sus comunidades de origen como miembros activos y representativos de sus culturas y sus países –Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú-. Tales condiciones y requisitos han exigido una cuidadosa y paciente labor de varios meses invertidos en tareas de investigación, contactos, trámites en instancias diplomáticas, curaduría y guión expositivo a cargo de un equipo multidisciplinario de expertos vinculados a la UFMG. Esta compleja gestión sobrepasa las posibilidades y competencias de una sola institución universitaria, hecho por el cual Mira! requiere de alianzas y cooperación institucional público-privada durante todo el ciclo y en cada país, para asegurar la sostenibilidad e impacto cultural de cada uno de los componentes.

El Seminario

En cuanto espacio de reflexión y debate, el Seminario lleva la impronta de cada una de las instituciones universitarias que lo acogen. Como lugar privilegiado del diálogo, el Seminario tiende lazos entre discursos y sistemas cognoscitivos, interroga lógicas de la percepción y la representación, abre posibilidades a la exploración de categorías nuevas y se constituye en un oxigenador de esquemas de pensamiento que el orden tradicional de las disciplinas académicas tiende a segmentar, separar y disgregar. Pensar el arte desde categorías como natureza o cultura, confrontar las visualidades desde el mito, revisar episodios y relatos de las historias culturales de los pueblos en la perspectiva de lenguajes expresivos que rompen múltiples cánones estéticos occidentales, o, finalmente, entender los mundos de sentido creados por sucesivos y desafiantes descentramientos de los artistas, arroja un balance de optimismo y renovación en los modos del diálogo intercultural, y en la comunicación con la sociedad. Desde esta dimensión, la participación de la Universidad como instancia que convoca imprime un valor agregado a las premisas de dignificación y respeto por el trabajo de los artistas y pueblos presentes en la exposición.

No menos importante es la participación de científicos experimentados, de docentes de diversas áreas y de estudiantes de todos los niveles de formación. Por su carácter abierto, el Seminario prevalece como un espacio amable donde la palabra se torna dulce y el pensar bonito, según una enseñanza de los pueblos del piedemonte andino-amazónico colombiano. Ello no significa que su tono sea el de la exotización, la liviandad, o el de un sumario de anécdotas e historias personales. Si se quiere apreciar el auténtico valor del Seminario habría que considerarlo como la puesta en movimiento de profundas capas tectónicas del pensamiento amazónico al encuentro con el pensamiento andino. Ese es, ni más ni menos, el alcance de la convulsión intelectual, sensorial y estética del acontecimiento. Y así ocurrió, con toda intensidad, en el transcurso del Seminario llevado a cabo a comienzos de diciembre de 2013 en la Universidad Nacional de Brasilia, UNB.

Arte, Vida y Territorio fue la temática en la cual estuvo inmerso el lanzamiento de Mira! en el auditorio del Memorial Darcy Ribeiro, el singular Beijódromo diseñado por este célebre antropólogo, representante del indigenismo comprometido con los derechos de los pueblos, y primer rector de la UNB. Allí emergió, en primer lugar, la pregunta por la contemporaneidad y lo contemporáneo, categorías que cuestionan la idea de lo moderno, pero que sitúan la producción estética en un plano de equivalencia a los lenguajes del arte en el mundo actual. ¿Qué ocurre cuando se invierten los términos y en lugar de referirse a las artes visuales contemporáneas, se piensan estas manifestaciones como la producción simbólica de pueblos indígenas contemporáneos? No cabe duda de que ciertos reductos del lenguaje colonial permanecen en los sistemas de etiquetación de la diversidad, y que más allá de las polaridades que combinan las nociones de lo moderno, lo primitivo, lo clásico o lo contemporáneo, habría que recordar aquí la sentencia de Claude Lévi-Strauss en Raza e Historia, cuando afirma de modo categórico que todos los pueblos del mundo son contemporáneos, al contener en su existencia una densidad histórica similar, profunda, y generalmente desconocida o ignorada.

¿Desemboca en el mismo resultado la designación que asocia a pueblos contemporáneos con las artes visuales indígenas? El movimiento de los términos produce en este caso una dislocación que al apelar a lo políticamente correcto reconoce una diferencia que excluye. Ese aparente incómodo lugar, el de artistas indígenas, lleva a resultados paradójicos, pues de una parte nombra una realidad en la cual se afirma la expresión particular de los pueblos a partir de los códigos visuales, signos y significados, que son inteligibles para unos y otros, ya sean artistas o comunidades de referencia en los ámbitos de comprensión que les es propio. De otra parte, configura un inocultable espacio de escisión individual, común a todos los autores: el de su reconocimiento como artistas en el mundo del arte, sin apelativos, sin etiquetas que arrastren consigo la carga colonial de la subordinación. Las principales rupturas estéticas y simbólicas residen en este campo que entremezcla sistemas éticos, posturas políticas, poéticas propias y permanentes flujos de arraigo/desarraigo, en parte comprensibles, en parte incomunicables, pero igualmente creativos.

El interesante y polémico encuadre de lo cultural entre lo contemporáneo y lo indígena toma dos direcciones opuestas: o bien fragmenta y neutraliza la capacidad de percibir y gozar unas manifestaciones estéticas como si estuviesen despojadas de su condición de lenguajes propios, o por el contrario remite al reconocimiento de su especificidad en la matriz social que las genera, es decir, la matriz étnica, indígena, que las produce. En cuanto referentes simbólicos de sociedades etnográficamente diferenciadas, este lenguaje visual –composición ordenada de señales pictóricas, objetos, grafías, signos-, más que contemporáneo es arte, a secas, sin otro apelativo. De todo este conjunto de significados a la Universidad le compete reafirmar su misión como receptora nutricia, dando sentido al repertorio de políticas culturales que articulan acciones de gestión del conocimiento abiertas a la integración de otras epistemologías, otras estéticas y otras cosmovisiones. Es lo pertinente a su razón de ser como alma mater, al fin y al cabo.

El Seminario, en síntesis, se transforma en un laboratorio de alteridades que al dar entrada a esta variada producción deja de ser un mero lugar expositivo –sala de arte, galería, museo-, para constituirse en espacio de investigación y creación plural. La exposición de artes visuales, a su vez, al inscribirse en un ámbito universitario, deja de ser una colección de obras para ser leída y admirada, sentida y percibida, como producción de paisajes culturales, regiones simbólicas, territorios del saber, ecologías del espíritu amazónico. Es decir, se opera la transmutación ya analizada por Lévi-Strauss en Arte, Lenguaje y Etnología, según la cual los objetos se desmaterializan a causa de su densidad como obras de arte, sustraídos del circuito de las galerías y el mercado para elevarse al estatus de bienes culturales, mensajes-signos, cuyo valor radica en su condición de relatos y lenguajes provenientes de mundos de sentido únicos y a la vez comunicables.

Los artistas, las obras

Cada artista es un sujeto que se instala en el mundo –tiempo/espacio/memoria- con la totalidad de su existencia como ser humano. Su obra es la expresión de un mito personal que narra vivencias y lenguajes colectivos. El proceso de formación que incluye el paso por academias y escuelas de arte tiene siempre un movimiento de retorno a los orígenes o, como dice uno de ellos, el descubrimiento de que “el futuro está en el pasado”. Ese lugar paradójico del tiempo es su cultura de referencia, los ritos ancestrales, el saber tradicional, las enseñanzas de padres y abuelos. Cuando anteriormente hablamos de escisión individual, es aquí cuando ese pasaje se vive como desgarramiento interior, como ruptura en busca de la integración de la obra con el lenguaje, el pensamiento y el mito en el que se nutre.

Dicho en otros términos, cada obra se convierte así en un archivo de la memoria del pueblo y en un vínculo de interculturalidad hacia el mundo de afuera. No sobra insistir en el hecho etnográfico de la existencia de sociedades sin públicos, como es el caso de la mayoría de estos pueblos. No obstante, el proceso Mira! es también el de la construcción de relaciones inéditas con públicos, liberados de cualquier ismo, moda o tendencia dominante en el arte contemporáneo.

Es así que la exposición propone un modo de ver, como ya se dijo, en el que los criterios de lo moderno y lo académico dejan de ser la medida de la percepción y apreciación de las obras. La exposición es el lugar de encuentro de múltiples contemporaneidades y en sí misma justifica el asombro que tal convergencia produce. Es la consecuencia de un proyecto que desafía el formato de la búsqueda de mercados, o de la satisfacción de gustos, de la complacencia con la crítica, o el enfoque en un público específico de “entendidos” o “conocedores” del arte. La exposición, con todo su carácter paradójico, además de representar ese encuentro de placas tectónicas andino-amazónicas, podría ser entendida también bajo la metáfora del oleaje anual que invierte el curso del río desde el atlántico hacia el interior del continente. Ni más, ni menos, esa es la corriente que moviliza el proyecto Mira!, en la búsqueda de la integración de los países amazónicos, según clamó el antropólogo Pedro Guimaraes, director del Centro Cultural Darcy Ribeiro en las palabras de apertura del Seminario.

Con un catálogo en permanente construcción, Mira! tiene la suficiente elasticidad para dar cabida a nuevas obras y artistas en cada país, igual que el Seminario acoge miradas y acentos particulares en el espacio universitario anfitrión. Del mismo modo que el Memorial Darcy Ribeiro en el Beijódromo de la UNB tiene como eje la escena del ritual Guarupí de los pueblos del Xingú, según el cual su axis mundi es desde 2012 un tronco de cedro que alberga el espíritu del antropólogo, tal espacio sacralizado impregnó la discusión del Seminario y le confirió una resonancia particular a las palabras de los conferencistas en la palestra. Estar allí fue, de cierta manera, habitar el centro del cosmos para recorrer el universo-chagra en sus diversas fases guiados por el relato de Abel Rodríguez Muinane, o en la contundente demostración de Pablo Taricuarima cuando las redes de simbólicas de su obra representan el aprendizaje paradójico de un precepto académico que proclama “menos es más, mientras que en mi cultura más es ser nosotros”, y que le lleva a afirmar “no soy indígena, soy kokama”.

Cada presentación fue una demostración de interdisciplinariedad desde la vida y la cultura de los pueblos, a la luz de las constelaciones socio-familiares de cada autor. Sus nichos de origen son el anverso de la fragmentación del mundo académico. Las redes del parentesco, soporte del pensamiento mitológico y de la construcción del sujeto, son el tejido y los lazos de transmisión de múltiples saberes que se poetizan en el proceso creativo de quienes han tenido el privilegio de recibir el soplo de la sabiduría y el conocimiento de la ayahuasca. Benjamín Jacanamijoy Tisoy, o Uaira-Uaira, Hijo del Viento, instala sus canoas en el Río Hudson y tapiza de chumbes las fachadas de las edificaciones de las metrópolis por donde ha transitado con su trabajo artístico, o participa de la invención de una etnia imaginaria, los Yaraoní –ala de mariposa-, con los cuales expresa su adhesión a la causa de los derechos humanos desde la perspectiva de los pueblos.

El trabajo cinematográfico-documental de Tuwe Huni Kuin, con el antropólogo Txai Terri Aquino, sobre los pueblos aislados de la región de Acre en la frontera Brasil-Perú muestra una de las acciones más impactantes en torno a las dinámicas de integración y resistencia frente a los acuerdos de manejo del territorio en zonas binacionales, en el propósito de la comprensión intercultural de las lógicas de asentamiento y las presiones e intercambios con los mestizos con los cuales comparten recursos del hábitat. No es una cámara ajena, extraña, la de Tuwe, ni una interacción fría la Terri el antropólogo. Es un recurso de investigación y comunicación que aproxima seres humanos y le narra al mundo no-indio la importancia de modificar esquemas y prejuicios sobre estas “islas de la historia” que se escapan a la lógica de la globalización.

Poco a poco la densidad de la obra y del pensamiento de los artistas va dibujando un horizonte multicultural sin fronteras en el que se fortalece la relevancia del proyecto Mira!. Es así que el arte textil de Delia Guarache, de la comunidad de El Alto en La Paz (Bolivia), ratifica una vivencia común a sus pares artistas, al afirmar con orgullo que su principal aprendizaje al pasar por la Escuela Municipal de Artes “ha sido valorar más lo que venía de antes”, su memoria cultural, la misma que transmite un profundo saber del proceso creativo de su pueblo en la técnica ancestral del tejido: “no cortar el hilo”, no interrumpir la historia ni el proceso.

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O Rember Yahuarcani, del Clan de la Garza Blanca, de la nación Huitoto, heredero consciente de la tragedia colectiva de su pueblo víctima de la explotación del caucho por la Casa Arana. La dispersión de antiguos linajes familiares viene siendo recompuesta a través de su trabajo en la ilustración de varios productos literarios bellamente editados en el Perú. La reinterpretación de los héroes mitológicos del universo Huitoto, centrados en lectores infantiles es una demostración de la permanencia dinámica de las culturas y los pueblos amazónicos. “Permanecemos transformándonos”, es la conclusión que resuena aún en el auditorio del Memorial Darcy Ribeiro.

O Carlos Sánchez, de la provincia de Sucumbíos en Ecuador, cuya lectura de las transformaciones del entorno selvático, en el marco del proyecto “¡Amazonía Vive!” lleva el detallado registro del mundo micro, el de un instante de la vida, a una dimensión de dramatismo incomparable al entender que el contexto de esa minuciosa tarea magnificada en un lienzo, es el de la destrucción irreversible causada por la explotación de hidrocarburos. Su trabajo es de una clara pedagogía militante en la defensa de los derechos de los pueblos a decidir sobre el destino de sus territorios.

Lo que viene

Mira! es un proceso vivo, alimentado por la participación entusiasta de su equipo coordinador y por la confianza de las instituciones que lo apoyan. Como queda en claro, la savia del asunto está en la obra y la presencia de los artistas, bajo el tejido de significados aquí expuestos. Cada día proporciona nuevas fuentes de aprendizaje para una gestión transcultural en la cual se va cimentando un modo óptimo de hacer las cosas en el escenario de la cooperación interinstitucional e internacional. Los tropiezos y dificultades se han ido sorteando gracias a que el proyecto cautiva, genera afecto y solidaridad, ingrediente sin el cual el cumplimiento de los rigurosos procedimientos formales, los protocolos diplomáticos y los dispendiosos trámites burocráticos, harían desistir a cualquiera en este empeño.

Una suerte de libreto básico se ha dibujado en las dos fases de circulación de Mira!: la existencia de un stock de obras que permanece hasta el final del ciclo en 2014, y al que se pueden adicionar algunas en cada país, durante cada estadía, es un activo fundamental del proyecto. La permanencia de la curaduría, y la coordinación general del proceso a cargo de la dirección del Centro Cultural de la Universidad Federal de Minas Gerais, garantiza la toma de decisiones coherente y una visión de conjunto que le da plena legitimidad y representatividad a la interlocución con cada uno de los actores y agentes nacionales e internacionales del proyecto. La existencia de un equipo estable de apoyo a la coordinación, conformado por expertos y especialistas garantiza una división de tareas que facilita el flujo de las decisiones y la actuación responsable y calificada de cada quien en los distintos momentos y componentes de este proceso. A medida que Mira! se desplaza a otros países la integración de una coordinación y equipos locales de expertos refuerza y asegura la continuidad sin sobresaltos del circuito.

En esta perspectiva surgen hechos nuevos que enriquecen la vida del proyecto y le hacen cada vez más atractivo, como lo demuestra el creciente número de solicitudes de ciudades y países que desean ser anfitriones de Mira! excediendo las posibilidades reales del cronograma y los compromisos establecidos al dar inicio formal en 2012. Que sea viable atender todas esas demandas es algo que acrecienta la complejidad de la gira y obliga a nuevos acuerdos con los artistas y el destino de sus obras. Por lo pronto, el fortalecimiento del esquema básico aquí expuesto es un propósito inmediato, en el cual tanto el incremento de la calidad como la ampliación de la cobertura e impacto públicos del Seminario, multiplicando los ciclos académicos durante cada estancia nacional, es algo que desde ya se considera benéfico y necesario, dada la multiplicidad de aristas y enfoques desde los cuales potenciar los contenidos de la exposición y el trabajo de los creadores. Como se dijo al comienzo, es la impronta de cada país y de las instituciones asociadas la que se hará visible en esta dimensión del circuito.

La diversificación de los canales de comunicación, registro y difusión de los componentes de Mira! es una estrategia de negociación interinstitucional a partir de una plantilla básica que incorpora redes sociales, un blog oficial y diversas piezas o formatos que se ponen al servicio del registro del acontecer cotidiano del proyecto y de la construcción de la memoria general del proceso. Todo este dispositivo se justifica en cumplimiento de objetivos de formación, educación y pedagogía, en el marco de una política cultural de acento universitario coherente con las necesidades de los pueblos indígenas y de los artistas. De hecho, Mira! es un espacio de expresión práctica de nuevos enfoques de política cultural a partir de los creadores y ese aprendizaje debe ser capitalizado como un beneficioso logro de beneficio colectivo.

Atraer socios y patrocinadores públicos y privados reconocidos en el ámbito del fomento y apoyo a la cultura es un reto de la organización de Mira! de modo que en cada país y al final del recorrido pueda asegurarse tanto la edición y la circulación de diversos productos derivados de los Seminarios y la exposición, como también la disposición de fondos suficientes para la sostenibilidad del equipo de producción y de los artistas y conferencistas invitados. Imaginar un sistema de becas, pasantías y residencias artísticas, es un imperativo que brota del carácter del proyecto y de las necesidades de los creadores y los públicos. Los episódicos y breves ensayos al respecto demuestran la pertinencia y conveniencia de esta estrategia, al lado de ciclos bien establecidos sobre cine, músicas, gastronomías, danzas, performances, literaturas, de modo que el sentido de la exposición y de los encuentros académicos se diversifique a través de cada una de estas líneas temáticas en torno al mundo indígena de los países participantes.

Una antropología de los pueblos amazónicos, centrada en el arte de estas sociedades, se impone como un reto intelectual y político que ofrezca respuestas válidas a las demandas de comprensión e interpretación de las dinámicas y transformaciones que afrontan en cada territorio. La valoración de estas manifestaciones y expresiones, en el contexto de una mirada integral de sus culturas, sus entornos y su producción simbólica, es una deuda intelectual que el mundo académico debe saldar con el refinado sistema de saberes y cosmovisiones que alimentan la producción de la cual Mira! es apenas una muestra. El futuro inmediato irá indicando qué es lo más pertinente en este camino de acompañamiento, pero el presente convoca desde ya a concentrarse en esta temática.

Contar con 127 obras de 54 creadores de cinco países y un número mayor de etnias es algo que jamás había ocurrido. Pero carecer de antecedentes no exime de hacer las cosas mejor que nunca. Es por ello que al tocar las puertas de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, con sede en Brasilia, permite establecer una sintonía que realza el significado de este enorme esfuerzo para logar el respaldo de una instancia intergubernamental que facilite el tránsito entre países pero que además sea un importante soporte de un sueño que, como suele ocurrir en el mundo universitario, tomó forma antes de haber puesto los pies sobre la tierra. Ahora que Mira! despega traspasando fronteras, el mapa y la estructura del proceso aquí narrado e interpretado en perspectiva personal pueden correr el horizonte del proyecto cuando se nos dice, estando en Brasilia, que en el año 2015 se llevarán a cabo en Brasil los Juegos Indígenas Mundiales. Obviamente, no es nada descabellado pensar que este sería el momento para imaginar una nueva edición de Mira! que dialogue con ese importante evento. La espiral de la anaconda, metáfora del río-madre, indicaría que ese es el camino.  

Puerto Arturo, Coveñas, 10 de enero de 2014.

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